14 may. 2012

Testimonio familia San Isidro


Testimonio de una Familia Misionera


María Amores pertenece a la parroquia de San Isidro  de Alcalá de Henares. Ella evangeliza “en familia”, con su marido y sus cuatro hijos, María, Pablo, Emilio y Beatriz.

Las familias Cristianas, nos dice nuestro Obispo D. Juan Antonio, edificadas sobre la roca de Cristo, estáis llamadas a ser sujeto de la Nueva Evangelización. Como san Benito, que con su vida monástica conservó la luz de Cristo y la tradición monástica ante la caída del Imperio Romano, las familias cristiana estáis llamadas a ser las regeneradoras de Cristo (Mons. Juan Antonio Reig Pla en la conferencia inaugural del II Congreso de Familia de Alcalá de Henares)


 
P.- ¿Quiénes sois los que normalmente salís a evangelizar?
R.- Pues el Señor ha querido que, desde el primer día, hayamos estado todos en la evangelización. Lo que pasa es que no hemos salido juntos, sino por separado: mi marido y yo y mis cuatro hijos, María, Pablo, Emilio y Beatriz. Y cada uno tiene una manera de ser y lo cuenta de una manera, pero todos,  siempre, lo han vivido como algo muy hermoso, por lo que doy muchas gracias al Señor porque esto es una enorme bendición y a mí me anima a seguir viniendo y me hace entender que es algo grande, que es algo del Señor. Son chicos que están en la Iglesia, uno de ellos es seminarista, siempre asisten a Misa, catequesis, oraciones y demás, pero a mí me gustaría que fueran más a la Adoración Eucarística o a ciertas oraciones que no son de jóvenes y me cuesta más llevarlos. La evangelización con el grupo Kerigma desde el primer día les encantó y yo pensaba que no se atreverían, porque eso de salir a la calle a buscar y hablar directamente a las personas, a chicos adolescentes, yo me imaginaba que les iba a costar; porque además , varias veces ha sido en el barrio, en su parroquia, o en el centro de la ciudad, en la Catedral, y se encontraron con compañeros de clase; pues como a mí me costaba, quizás yo lo veía con otros ojos… pero no, la verdad es que para ellos es una alegría y para mí, como madre, pues mucho más. Es una experiencia que a mí me sorprende cada vez, es un don de Dios. No podía imaginarlo. Si yo lo hubiera pretendido, no me hubiera salido; eso está claro. Por eso lo vivo como un regalo de Dios.

P.- ¿Cómo vives tú las evangelizaciones?
R.- Ahora mismo hablaba con gente y decían “he traído a cuatro personas” y yo pensaba “el Señor ha traído a cuatro personas”. Eso quiero que no se me olvide y cuando hablo con mis hijos intento que quede claro que tenemos que ser instrumentos y venir a ser instrumentos. Que es verdad que tenemos que poner nuestras manos, pero no nos podemos olvidar de que es el Señor quien lo hace y que Él es  el que sale a buscar a cada persona y quiere traerla a su presencia. Yo eso lo aprendo cada vez que os escucho la enseñanza antes de salir a la calle y así me lo volvéis a recordar y me encanta escucharlo por eso, aunque sea cada vez lo mismo o parecido; porque es como decir “no, no, es que no eres tú”. Y es que si fuera yo, no sabría ni qué decir, me daría vergüenza, no sé… Me he encontrado con personas conocidas, por ejemplo una vecina me dijo: “¡hombre, tú!”… y te da un corte… pero, de alguna manera, el Señor pone las palabras o te quita el miedo, según el caso. Cuando te acercas a un grupo de gente que está bebiendo en la calle y de repente sientes una fuerza que te mueve y te inspira las palabras, te quita el miedo y te da paciencia para escucharles o acompañarles; también para hablar a personas mayores, jóvenes, o para callarte cuando te dicen alguna cosa desagradable. Es algo impresionante, que me desborda, es un derroche de Gracia. Es el Señor mismo el que te mueve, es el Espíritu Santo.

P.- ¿Y qué les dirías a personas que se estén planteando evangelizar?
R.- Pues que no tengan miedo, es la frase de Juan Pablo II. Que no tienen que hacer nada, solamente dejarse llevar, venir y decirle al Señor: “lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y cómo Tú quieras” como decía la Madre Maravillas. Que vengan sin miedo porque no pasa nada… y ponerse de rodillas delante del Señor en la Eucaristía ¡eso sí!  Es que uno se pone ahí y aunque no quiera el Señor le habla. Yo hoy, con bronquitis, sin moverme en todo el día de casa, pensaba no salir a la calle sino quedarme ahí con el Señor rezando tranquilamente, pero es como que el Señor te mueve… Ya me pasó la primera vez. El primer día que vine, yo pensaba lo mismo: “No, yo no salgo. Yo voy a rezar allí, que es lo mío, a estar delante del Señor, que eso es lo más maravilloso que hay y a mí me encanta”. Y luego sentí como una fuerza que no se puede explicar, que el Señor me pedía que hablara a mis hermanos, que era urgente hacerlo… Entonces, que no tengan miedo, que vengan, que encima es divertido, que lo pasamos bien, que se palpa el Amor de Dios entre nosotros; es igual, aunque no nos veamos. Que vengan, que vengan y lo vean.
“Venid y lo veréis”.